En nuestro país se da una circunstancia que llevo tiempo intentando entender. Tú puedes decirle a un amigo, mientras degustas sus espagueti con salsa de bote, que no sabe cocinar y puedes estar tranquilo de que no se iniciará una trifulca y sin embargo no puedes decirle, mientras vas montado en su coche y sufriendo sus brusquedades al volante, que no sabe conducir, ya que si lo haces te enfrentas a una acalorada discusión que fácilmente terminará con el famoso “que sepas que llevo más de 1.000.000 de kilómetros”

“Llevo más de 1.000.000 de kilómetros” Seguro que en más de una ocasión has oído esta frase de boca de un conductor que quiere transmitirte seguridad, demostrándote que es un experto al volante porqué ya ha recorrido una elevada cifra de kilómetros.

¿Pero, es realmente así? ¿La acumulación de kilómetros nos convierte en buenos conductores?

Para gran parte de los conductores, conducir se limita a respetar las normas de circulación, apretar el embrague cada vez que queremos cambiar de marcha y girar el volante o el manillar hacia el lado donde queremos que vaya nuestro vehículo. Y de esta manera podemos hacer 1 o 2 o 50 millones de kilómetros,  aumentarán la confianza y la falsa seguridad, pero no los conocimientos.

Conducir es algo que requiere de atención, al fin y al cabo, estamos manejando máquinas de más de 1000 kgs. a velocidades superiores a los 100 km/h, con las inercias que esto conlleva y en contacto con el suelo por 4 tacos de goma de no más de 5cm x 15cm. Por ello, es importante que sepamos como se mueve nuestro vehículo, que ordenes debemos dar en cada momento y con qué intensidad debemos darlas.

Es muy común la expresión “se me ha ido el coche”, pero si lo analizamos bien, cuando el coche patina, lo hace porque nosotros hemos dado una mala instrucción, o hemos valorado mal la adherencia del suelo y en consecuencia la velocidad a la que circulamos.

Desde TECDRIVE, os invitamos a reflexionar sobre esto, a valorar hasta qué punto estamos preparados para circular por nuestras carreteras, en muchas ocasiones prestando parte de nuestra atención a otros aspectos ajenos a la conducción, ya sea el teléfono móvil, la conversación con el copiloto, el paisaje o cualquier pensamiento que tengamos en ese momento.

Démosle a la conducción la importancia que se merece, ya que al final, nos va la vida en ello.

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